Destino. Esta palabra definiría lo que buscan muchos hombres en sus vidas, quizás casarse, ser un gran guerrero e incluso solo con tener una granja y tres gallinas habrían dado por completado la búsqueda de lo que los vivos definen como destino. ¿Para mí que es el destino? No lo sé con certeza puede que leyendo las siguientes páginas entendáis el porqué. Nunca he sido un hombre de muchas palabras, más bien irónico, sarcástico. Muchas palabras podrían definirme pero ninguna dar en el clavo como esta, vacio. Vacio es como se sentiría alguien cuando su vida da un giro inesperado, cuando ya no les queda esperanzas, cuando su vida pende de un hilo o sencillamente han perdido lo que el amor les había dado. Yo literalmente estoy vacio y la verdad no me importa, si pudiera sentir algo me sentiría bien, a menudo pienso que esta genial ser como soy. Bueno me dejare de rodeos y comenzare mi relato, mirad lo que años de eternidad me han hecho hacer, escribir. Aún no me lo creo.
-Te mantengo vigilado un paso en falso y acabas con una daga en tu espalda.-el renegado miro con unas cuencas vacías pero brillantes, con un fulgor amarillo característico de esta extraña raza por así llamarla.- No pienses que porque la Dama te de un voto de confianza yo te la daré, no es nada personal, sencillamente poco llevas en esto y no quiero que metas la pata en el momento apropiado.
-Tranquilo, te aseguro que si mi intención fuera meter la pata lo habría hecho mucho antes, recuerda que ya llevamos tres patrullas pasadas y muchas de ellas podrían haberte machacado.- observe al renegado, no parecía para nada convencido por mi opinión pero tampoco lo esperaba, no tenía intención de hacerle creer nada, estábamos allí por otra cosa. Algo mucho más importante.
-Tus palabras como has podido observar por mi mirada no me intimidan caballero de la muerte, es posible que fueras elegido antaño por Arthas pero ahora entre nosotros eres uno más. Un sirviente de la Dama Oscura. Ahora silencio huelo a enano a kilómetros, esas ratas están escondidas en los túneles más adelante. Mira como se nota el estado pésimo de sus tropas, ni medicinas, ni alimentos. La debilidad de los vivos me divierte, pretender mantener un sitio durante días, si no llevara años luchando con estos gordos borrachos diría que hay algo en esta mina que les preocupa que encontremos.
Más adelante la mina se estrechaba tanto que tuvimos que ponerlos en fila de a uno mientras seguíamos recorriendo el pasillo en dirección a saber dónde. Avanzábamos lo más deprisa posible pero sin hacer ruido, solo el eco de unas voces se escuchaba a la distancia. Entonces el camino se volvía a ensanchar mostrándonos una caverna enorme, su anchura superaba las muchas otras que pululaban por Alterac. Unos enormes cristales pedían del techo, enormes estalactitas de un material brillante que inundaba la sala con un brillo cegador. Sobre unos cuantos libros y varias jarras de cerveza reposaba la cabeza de un enano sumido en un sueño profundo. A su lado tres enanos discutían algo en voz muy alta y parecían próximos a comenzar una pelea entre ellos. Rápidamente el renegado dio órdenes a uno de sus hombres que se acomodó justo en la entrada como esperando a cualquiera que o llegara o intentara huir. Con su única vía de escape cerrada los enanos estaban encerrados. Confiados nos lanzamos tal y como habíamos previsto sobre ellos. Graso error. Una voz parecida más al ladrido de un perro nos sobresaltó.
-Parece que ya han llegado nuestros invitados pequeño enano parlanchín. Te dije que llegarían, esos sucios renegados desprenden un hedor a muerte característico en ellos.
En ese momento todo acto de sutileza desapareció y los renegados sacaron sus armas plantaron cara y se prepararon para atacar, sobra decir que hice lo mismo.
-No entiendo como no olí ese olor tuyo a perro mojado, creo saber quién eres. Aullanoche seguramente el bastardo medio humano que se empeña en atacar nuestros suministros de peste. Inútil, sabes mejor que nadie que ya tenemos suficiente para limpiar de vivos esa ciudad tuya que tanto amas.- el renegado se lanzo con rapidez sobre el huargen pero este ya esperaba ese movimiento. Paró sin inmutarse la puñalada al corazón del renegado y con la mano libre lo alzo por el cuello. Los enanos sacaron sus armas y se lanzaron sobre nosotros. Los dos que me acompañaban se enzarzaron en una pelea con los tres enanos que blandía unas mazas toscas, oxidadas, dando a relucir el mal momento por el que pasaban. Yo tenía de qué preocuparme, a mis espaldas el no muerto encargado de vigilar la salida estaba mutilado, no habían tenido piedad. Uno de los enanos se encontraba en el suelo, se revolcaba y gritaba con dolor, el renegado había tenido tiempo de rozar al pobre lo suficiente para que el veneno de su daga entrara a través de la sangre y quemara sus órganos, no tardaría en morir. En ese momento un grito me puso alerta cuando el enano de la mesa que anteriormente dormía se lanza sobre mí blandiendo un bastón. No pretendía darme con la cachaba ya que se paró en seco enfrente de mí y comenzó a canalizar un hechizo. No perdí tiempo. Atraje al desgraciado hacía mí rápidamente y lo ensarte de lado a lado con mi espada. Noté como su sangre manaba por mi espada, esta brilló como extasiada por probar de nuevo la sangre, la sangre caliente de un vivo. Un rugido a mis espaldas me obligo a volverme y sin poder sacar la espada del cuerpo usé este como escudo. Las lanzas de los dos enanos de la entrada se clavaron en el cuerpo de su compañero y quedaron bien sujetas en él. En ese momento observe la situación y no podía ser peor. Los renegados yacían muertos en el suelo y solo uno de los enanos agonizaba a su lado. Por lo demás el jefe se encontraba un poco en aprieto, aun cogido por el gaznate casi no podía moverse, pero no lo tenía todo acabado.
-Supuse…- a duras penas podría pronunciar palabra, no por asfixia si no porque la mano del medio humano casi abarcaba la boca entera del no muerto.- sabía que estarías aquí. Dos pájaros de un tiro. Como no dudábamos vendrías a pedir ayuda a estos desgraciados. ¡Ahora muere!- Con un veloz movimiento saco de su cinturón un frasco que lanzo sobre el hombre lobo. Este aulló con furia, si hubiera sido de noche se habría ganado su apodo sin duda alguna. La peste corrió por su rostro quemándole los ojos, entro por su garganta abrazándole todo a su paso. Solo antes de morir pudo partir en dos al renegado y lanzar los restos al suelo mientras caía preso de una agonía absoluta.
No tenía tiempo de preocuparme por el renegado. En ese momento tenia a cuatro enanos sobre mí, saqué rápidamente la espada del cuerpo y lo tiré sobre los dos que se encontraban aun tratando de sacar sus armas del cuerpo. Velozmente acumulé cuanto poder rúnico podía en mi mano y dispare una tromba de muerte sobre uno de los otros dos que se lanzaba sobre mí. Su cuerpo explotó en un sinfín de sesos y vísceras, todo un espectáculo de colores. Pegue mi espalda contra la pared. La cosa estaba más igualada tres contra uno, no estaba mal.
-Sabíamos que no podíamos confiar en esa escoria no muerta, míralo aquí a uno de esos sucios caballeros de la muerte atentando contra la alianza. Después de la guerra no sois más que basura que habría que haber eliminado desde un principio. No sé como Varian pudo confiar en muchos de vosotros, os acogimos en nuestras ciudades y así nos lo pagáis. No sois más que desperdicios de lo que queda de la plaga.
-Nunca acepte la oferta de la Alianza, así como tampoco he aceptado la de la Horda. Estoy aquí por otra razón y por tu cara veo que sabes perfectamente cuál es. Entrégame lo que me pertenece por derecho y evitemos más derramamiento de sangre enano.- su mirada no entrañaba miedo, más bien sorpresa, no esperaba tenerme allí, al menos no tan pronto.
-Con que eres tú. Bah, jamás pensé que saldrías de Corona de Hielo con vida y mucho menos que llegaras a Alterac y por si no fuera poco de manos de esos sucios muertos. Has caído bajo joven Santarian, mucho más bajo de lo que has caído viviendo bajo ese cuerpo putrefacto tanto tiempo. Hoy acabare lo que comencé en Corona. No dejare que mancilles más la memoria de tu padre.- Mi nombre resonó en mi cabeza como un disparo, hacía mucho que no oía pronunciárselo a nadie y muchos menos oír hablar de mi padre. El poder rúnico se expandió por mi cuerpo, dando a relucir mí irá. Me abalance sobre los dos enanos que en esos momentos dirigían sus armas contra mí y arremetiendo con todas mis fuerzas atravesé al primero y en un intento de sacar mi espada para responder a la lanzada del otro raje por entero al desgraciado y sus tripas inundaron la estancia. La lanza atravesó parte de mi armadura y se clavó en mi pierna. No podía sentir dolor, pero lo sentía, notaba como me abrazaba la pierna. Cabrones debieron encantar las armas contra no muertos. Rechinándome los dientes partí en dos la lanza y decapité al enano. Ya solo quedábamos yo y el charlatán. Este no perdió tiempo en hacer su movimiento y lo que ocurrió a continuación provoco que perdiera el control por un breve espacio de tiempo.
El enano tiró al suelo la maza que portaba y despejando la mesa de libros dio a relucir un medallón plateado con la insignia de un león. Alzó el medallón y lo hizo añicos contra la pared de la sala. La furia broto de mi cuerpo y para cuando me di cuenta el enano estaba desmembrado a mis pies. La sangre manchaba todo mi cuerpo, mi cara, mis manos, goteaba por mi armadura y caía al suelo en grandes gotones. Aún furioso, único sentimiento junto con la ira que parecía sentir ese cuerpo carente de vida que tenía, me acerqué al viejo renegado que yacía partido en dos plácidamente en el suelo. Me miro fijamente, no estaba muerto, o mejor dicho no lo estaba de nuevo.
-Sabíamos que lo conseguirías, Ella confiaba en ti y tú no la has fallado. Tu camino no acaba aquí caballero, eres uno de nosotros y con el tiempo lo entenderás. Ahora recoge del suelo, allí junto a mi cinturón una bolsa. Dentro hay una piedra, úsala y saldrás de aquí. Avisa de nuestra victoria y recuerda mi Señora te observa y sigue tus movimientos, desde hoy serás llamado Sylvan en honor a nuestra Dama. Eres uno de nosotros, un renegado. Ha acabado tu prueba, bienvenido caballero de la muerte, nosotros si te aceptamos tal y como eres.-Unos sonidos llegaron del pasillo, docenas de pisadas resonaban en la estancia. No quería irme, quería provocar dolor pero eso tendría que esperar, me contente con lanzar una espiral de muerte sobre mi cabeza y reventar esos cristales que tanto amaban esos enanos. Entonces agarré con fuerza la bolsa en mi mano y no hizo falta sacar la piedra, esta por si sola sintió el tacto de mi mano y brilló. No volví la vista atrás.
Es un pequeño relato que escribí un día después de jugar un rato, me gustó crear algo basado en un caballero de la muerte ya que creo que son muy interesantes. También quise unir en la historia, renegados, enanos y huargen, razas importantes dentro de el mundo de fantasía del wow.

Muy interesante y curioso, espero otro relato pronto de fantasía,y no sólo del mundo de world of warcraf,sino de tu propia mitología.
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